Peor que la pandemia: la crisis climática golpea en América Latina y el Caribe

En 2020, América Latina y el Caribe, además de ser la región donde el coronavirus castigó con más fuerza en contagios y muertes por millón de habitantes, tuvo una sucesión de eventos climáticos que configuró el desarrollo de otra crisis que se le sumó a la sanitaria.
La región estuvo afectada por el aumento de las temperaturas, el retroceso de los glaciares, el aumento del nivel del mar, la acidificación de los océanos, la decoloración de los arrecifes de coral, las olas de calor terrestres y marinas, los ciclones tropicales intensos, las inundaciones, las sequías y los incendios forestales.
Esta crisis climática tuvo impactos negativos importantes en las comunidades más vulnerables, entre las que se encuentran los pequeños Estados insulares en desarrollo.
La descripción corresponde al primer informe que publica la Organización Meteorológica Mundial (OMM) para evaluar el estado del clima en América Latina y el Caribe.
Petteri Taalas, secretario general de la OMM, con sede en Ginebra, Suiza, afirmó que es relevante «tener conocimientos con fundamento científico que puedan contribuir a la toma de decisiones en materia de mitigación del cambio climático y adaptación a él».
¿Cómo se está modificando el medio ambiente?
La temperatura media mundial en 2020 fue una de las tres más cálidas desde que se comenzó a realizar ese tipo de observación. El aumento contribuye a la expansión térmica de los océanos, al aumento de la fusión de los mantos de hielo de Groenlandia y la Antártida, al deshielo de los glaciares de montaña y a cambios en la circulación de los océanos, lo que a su vez contribuye al aumento del nivel medio del mar en el mundo.
Estos indicadores se deben en gran medida a la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera.
¿Cuáles fueron los eventos climáticos que golpearon la región?
El reporte de la OMM detalla un panorama inquietante sobre los riesgos climáticos y sus consecuencias para América Latina y el Caribe:
2020 fue uno de los tres años más cálidos de que se tiene constancia en México/América Central y el Caribe y el segundo más cálido en América del Sur. Las temperaturas se situaron 1 °C, 0,8 °C y 0,6 °C por encima de la media de 1981-2010, respectivamente.
En los Andes chilenos y argentinos, los glaciares han retrocedido durante las últimas décadas. La pérdida de masa de hielo se ha acelerado desde 2010, en consonancia con un aumento de las temperaturas estacionales y anuales y una reducción considerable de las precipitaciones anuales en la región.
La intensa sequía en el sur de la Amazonia y el Pantanal fue la más grave de los últimos 60 años, y 2020 superó a 2019 para convertirse en el año con mayor actividad de incendios en el sur de la Amazonia.
La sequía generalizada en toda la región de América Latina y el Caribe ha tenido un impacto considerable en las rutas de navegación interior, en el rendimiento de los cultivos y en la producción de alimentos, agravando la inseguridad alimentaria en muchas zonas.
Los déficits de precipitación fueron especialmente adversos en el Caribe, que presenta una alta vulnerabilidad a la sequía, y varios de sus territorios figuran en la lista mundial de países con mayor estrés hídrico, con menos de 1.000 m3 de recursos de agua dulce per cápita.
Los huracanes Eta e Iota alcanzaron una intensidad de categoría 4 y tocaron tierra en la misma región en rápida sucesión, siguieron trayectorias idénticas por Nicaragua y Honduras, afectaron a las mismas zonas y agravaron los impactos conexos.
La vida marina, los ecosistemas de litoral y las comunidades humanas que dependen de ellos, en particular en los pequeños Estados insulares en desarrollo, se enfrentan a las crecientes amenazas derivadas de la acidificación de los océanos, el aumento de nivel del mar, el calentamiento de los océanos y una mayor intensidad y frecuencia de las tormentas tropicales.
¿Qué están haciendo los países para mitigar los peligros climáticos?
Las medidas de adaptación, en particular los sistemas de alerta temprana multirriesgos, no están lo suficientemente desarrolladas en la región de América Latina y el Caribe.
Los especialistas de la OMM reclaman que el apoyo de los gobiernos y de la comunidad científica y tecnológica resulta fundamental para reforzar su desarrollo, así como recomiendan mejorar la recopilación y el almacenamiento de datos e integrar la información sobre el riesgo de desastres en la planificación del desarrollo.
«Es fundamental contar con un apoyo financiero sólido para lograr este resultado», concluyen.
En ese sentido, la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Alicia Bárcena, reafirmó la gravedad de la crisis climática en la región y la urgencia de enfrentarla e instó a la comunidad internacional a priorizar el financiamiento de medidas de adaptación.
«El sistema de gobernanza global no ha sido eficaz para movilizar los recursos hacia los países en desarrollo. Hay escasez de financiamiento para la acción climática, especialmente para la adaptación. Esto agrava la vulnerabilidad de los países, reduciendo la capacidad de financiar sus propias acciones», afirmó.
Estudios de la CEPAL destacan que a región genera apenas 8,3% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global, pero es altamente vulnerable a su impacto.
En los últimos 30 años, la cantidad de desastres naturales se triplicó en el Caribe y las pérdidas económicas asociadas se quintuplicaron. Por ejemplo, la destrucción causada por los huracanes Irma y María en 2017 resultó en pérdidas equivalentes a 250% del PIB en países como Dominica.
La vulnerabilidad climática
Uno de los efectos del cambio climático para países periféricos es la rebaja de la calificación de riesgo por parte de las agencias calificadoras, que consideran que la vulnerabilidad climática es un criterio para rebajar la nota.
Esto tiene consecuencias financieras porque aumenta injustamente el costo de la deuda soberana y el pago de intereses para los países en desarrollo que son altamente vulnerables al cambio climático.
Esto agrava, por ejemplo, las capacidades del Caribe, de Argentina y Ecuador, que tienen una carga muy pesada por los altos niveles de deuda, a lo que se le suma los shocks externos agravados por el impacto de los desastres y las debilidades estructurales, sociales y económicas de esos países.
Bárcena señaló que los paquetes de estímulo para una reactivación económica pospandemia podrían ser una oportunidad para alentar las inversiones en sectores con bajas emisiones de carbono y en la promoción de la bioeconomía.
Los países desarrollados han anunciado grandes paquetes de estímulo —cuatro billones de dólares en Estados Unidos y 750.000 millones de euros en Europa—, reflejando expansiones fiscales y monetarias contrarias a la ortodoxia, con compromisos en inversiones verdes.
En América Latina y el Caribe los paquetes de estímulos fueron menores, del 4,7% del PIB (211.000 millones de dólares), y de ellos solo 3,2% serían consistentes con las metas ambientales y climáticas.
El gasto en protección ambiental en América Latina y el Caribe ha experimentado un descenso en los últimos años. Entre 2016 y 2019, el gasto en protección ambiental promediaba únicamente el 0,4% del gasto del gobierno central y en 2020 se redujo a sólo 0,2%.
«En la CEPAL estamos proponiendo la creación de un Fondo de Resiliencia del Caribe que atienda las necesidades de esa región. Tenemos una propuesta para que este fondo se financie en parte con un alivio de 7000 millones de dólares que representa el 12% del total de su deuda externa. Se puede hacer, se debe hacer, y se deben desarrollar instrumentos similares para Centroamérica y Sudamérica», afirmó Bárcena.
Limitar el calentamiento global
En el informe especial del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) se hace especial hincapié en la importancia de tomar medidas para hacer frente al cambio climático y para limitar el calentamiento global a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales.
En el reporte State of the Global Climate 2020, el riesgo de los impactos relacionados con el clima depende de complejas interacciones entre los peligros relacionados con el clima y la vulnerabilidad, la exposición y la capacidad de adaptación de los sistemas humanos y naturales.
Según informes especiales de evaluación del IPCC, América Latina y el Caribe es una de las regiones del mundo donde se prevé que sean más intensos los efectos e impactos del cambio climático, como las olas de calor, la disminución del rendimiento de los cultivos, los incendios forestales, la destrucción de los arrecifes de coral y los fenómenos relacionados con un nivel del mar extremo.
Por lo tanto, limitar el calentamiento global muy por debajo de los 2 °C, conforme a lo dispuesto en el Acuerdo de París, es importante para reducir los riesgos relacionados con el clima en una región que ya de por sí se enfrenta a asimetrías económicas y sociales respecto a los países desarrollados, que son, precisamente, los principales responsables del calentamiento global.

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