Colombia: el ritual del pueblo nasa y su resistencia frente a la violencia

El resguardo indígena de Munchique los Tigres está situada en lo alto del macizo colombiano, al sur del país. Alrededor de las casas hay plantaciones de plátanos, piña, luego todo es montañas e inmensidad. Se llega por caminos de tierra tras varias horas de viaje desde el municipio de Santander de Quilichao, en el Cauca, uno de los departamentos más conflictivos del país.
En Munchique los Tigres se realiza el principal ritual del pueblo nasa llamado saakhelu. Ocurre cada año en el mes de agosto o septiembre, tiempo de las siembras. «Es una práctica espiritual que se hace con el fin de ofrendar al cóndor, al colibrí, a la luna, al sol, a la lluvia, al viento, al fuego, a los espíritus de las semillas, a la madre tierra», dice Olga Lucía Pazú, una autoridad tradicional nasa.
El ritual dura tres días, y «cada día tiene un momento distinto, danzar al árbol, las bebidas, la chicha, se ofrenda la alegría, el sonido del tambor y la danza, que es todo el despertar y la conexión de las semillas, está la minga de participar, que es un principio de unidad, de compartir y de apoyo, la danza del colibrí, la danza de la culebra, la danza del caracol, que es lo que se está haciendo ahora», explica.
Mientras Pazú habla se escucha una voz en español o en nasa yuwe, el idioma del pueblo nasa, que se dirige con micrófono a quienes están danzando, acompañados de músicos con tambores y flautas. Es el segundo día del ritual, antes de la «ofrenda que se le va a hacer al árbol», acompañado de la «danza del compartir y el despertar de la semilla».
Han venido integrantes de comunidades de varios puntos del Cauca, la zona donde vive la mayor parte del pueblo nasa en el país. Su presencia en el departamento está extendida sobre 22 resguardos que conforman la chab wala kiwe, es decir «el territorio del gran pueblo», donde existen estructuras de gobiernos dirigidos por las diferentes instancias del pueblo nasa.
La organización nasa
Pazú es una de las autoridades del pueblo nasa. Lleva en la mano un bastón:
«Es la chonta, le da fuerza a uno y lo identifica como autoridad, es la fuerza espiritual que uno tiene», explica. «La función que me corresponde es ejecutar, legislar y operativizar políticamente, administrativamente y jurídicamente los distintos mandatos que hay en los territorios. También el diálogo entre el Estado y exigir los derechos que se tiene como pueblo nasa.»
La autoridad es una de las principales figuras dentro de la organización nasa, compuesta por instancias de los resguardos y del conjunto del territorio. «Hay una articulación y conexión entre las autoridades de aquí de Munchique los Tigres, y la chab wala kiwe que tiene unos consejeros tútenas que son los que apoyan toda la administración política, económica de los distintos procesos que hay dentro del territorio».
Además de las autoridades locales y de la chab wala kiwe, existe otra instancia: el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), una organización creada en 1971, compuesta por 139 autoridades, recientemente electas en un congreso. El CRIC es reconocido en las movilizaciones por sus banderas rojas y verdes, colores que «identifican los principios de lucha, la unidad tierra, cultura y autonomía», afirma Pazú.
«El CRIC, con mandatos, los baja hacia la chab wala kiwe que lo conecta con las autoridades de cada territorio. Y la máxima autoridad de los territorios indígenas son las autoridades que están en cada uno de todos los territorios, ellos son los jueces naturales, son los que toman decisiones políticas y jurídicas, y lo que hace la chab wala kiwe es ejecutar los mandatos de los congresos o de cada uno de los territorios».
Esas relaciones entre los cabildos, la chab wala kiwe y sus autoridades, y el CRIC, conforma una arquitectura de gobierno que lleva adelante diferentes procesos, como el ejercicio de la autonomía en los territorios, la enseñanza del idioma nasa yuwe para evitar su retroceso, el ritual mayor del saakhelu, o la conformación de instancias de protección de los territorios o de las movilizaciones, como es la Guardia Indígena.
La violencia armada
«El territorio del norte del Cauca ha sido muy azotado por la violencia», cuenta Pazú. Durante los días en que se llevó adelante el saakhelu ocurrió una masacre en Santander de Quilichao, donde tres jóvenes fueron asesinados. Se trató de la masacre número 66 en Colombia en lo que va del 2021, un año de recrudecimiento de la violencia en los territorios, en el marco de una tendencia en alza desde que Iván Duque asumió la presidencia en el 2018.
La situación es particularmente crítica en el Cauca, una situación que golpea al pueblo nasa. «Hace tres meses fue asesinada una autoridad tradicional del territorio de Miranda, con su esposo, una compañera docente que todo el tiempo luchaba por no dejar que reclutaran a nuestros jóvenes y niños, fue asesinada solo por pararse al frente de los actores armados y exigir ese respeto a la vida y al territorio», cuenta Pazú.
El asesinato de líderes sociales también se encuentra en escalada: ya alcanzó 109 víctimas en el año, y 1225 desde la firma de los Acuerdos de Paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en el 2016.
«Los actores armados han avanzado, el reclutamiento de jóvenes de hombres y mujeres ha sido demasiado, los asesinatos frecuentes, nos están asesinando autoridades, hombres y mujeres y jóvenes y sigue avanzando, hay temor por poner en riesgo la comunidad y la familia. El Estado nunca asume su responsabilidad del incumplimiento que ha hecho con la organización, con el proceso de paz que lo que ha permitido es desarrollar más actores armados», explica Pazú.
Una de las razones que explican los asesinatos sistemáticos es que las comunidades, su organización, liderazgos sociales, suelen ser un obstáculo para los diferentes actores armados, sus disputas por los territorios, las plantaciones de cultivos ilícitos.
«Sabemos que al Estado no le interesa que los territorios estén llenos de cultivos ilícitos y de conflicto armado, porque el Estado es el más beneficioso de los cultivos ilíticos y de tener actores armados en los territorios para ejecutar proyectos, proyectos que nunca van a llegar a las familias, y, al contrario, vemos que van a traer más desplazamiento y muerte».
La situación de violencia, bajo Duque, ha recrudecido, tanto en las masacres, asesinatos de líderes y liderezas, como en el despliegue policial, militar y paramilitar ocurrido ante el estallido social de abril y julio de este año, en particular en la ciudad de Cali: allí el movimiento indígena fue atacado por civiles armados y amparados por la policía.
La exigencia hacia el Estado, afirma Pazú, es que «garantice el bienestar social de las familias indígenas y no indígenas dentro del norte del Cauca y de Colombia, que es lo que siempre se ha venido exigiendo y ha sido imposible ese cumplimiento». Esa imposibilidad ha sido una constante en la historia colombiana, y es una de las razones que explican por qué tuvo lugar el estallido, que fue acompañado por el CRIC.

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