‘El Reino’, la ficción argentina en Netflix que despertó la furia del evangelismo local

La serie creada por el director de cine Marcelo Piñeyro y la escritora Claudia Piñeiro retrata la historia de la familia de un pastor que incursiona en la política, una narración que debate sobre el lado oscuro del poder y la lucha entre el bien y el mal. La asociación de iglesias evangélicas criticó la producción y la interpretó como un ataque.
Un empresario sin experiencia política busca la presidencia nacional con la estratégica participación de un reconocido pastor evangélico como compañero de fórmula. Pero todo cambia drásticamente con el asesinato inesperado del magnate, que pondrá en crisis la familia y el entorno del líder religioso, provocará su propio enfrentamiento a demonios personales y desencadenará investigaciones que revelarán secretos oscuros.
El argumento de El Reino, nueva serie de ficción argentina coproducida y estrenada con mucho éxito en la plataforma de video internacional Netflix, se anticipa a la polémica ya que es el resultado de una preocupación ante el avance de fenómenos sociales y políticos en el nuevo milenio, explican sus creadores y guionistas, Marcelo Piñeyro, reconocido director cinematográfico, y Claudia Piñeiro, escritora best-seller.
«Veíamos que la manipulación para obtener, consolidar y sintetizar poder confluía, por un lado, en la posverdad, las fake news, el vaciar conceptos de contenido, y por otro lado, un regreso de las religiones como herramienta política, guerras religiosas que la humanidad parecía haber dejado francamente atrás, y que en todo el continente americano se utilizaban estas nuevas iglesias evangélicas como un ariete de la nueva derecha para una restauración conservadora que apunta a retroceder un siglo atrás», dijo Piñeyro.
El Reino es una historia ficcional, con personajes y una iglesia inventados, no inspirada directamente en ninguna persona ni institución en particular. Los cuestionamientos que están de fondo son los mismos que se podrían realizar en las discusiones vigentes sobre separación entre Iglesia y Estado o ante cualquier irrupción de discurso dogmático en los debates políticos, tan en boga en la conformación de las sociedades contemporáneas en todo el mundo, aseguraron.
«En la región, se ve con mucha claridad y no solamente con las evangélicas, el poder político y económico puede asociarse con cualquier iglesia. No es una cuestión de fe, sino de intereses. Cuando Jeanine Añez, durante el golpe de Estado en Bolivia, o cuando Nayib Bukele hace un autogolpe en El Salvador, y entran al Congreso con los militares y con una biblia en la mano, están diciendo algo. La tendencia religiosa en muchos líderes del mundo es evidente, no lo inventamos nosotros», dijo a Sputnik la multipremiada escritora y referente del movimiento de mujeres en Argentina.
Los autores enfatizaron el hecho de que se trata de fenómenos mundiales que exceden las fronteras, que en otras regiones puede no estar involucrada siquiera el evangelismo sino que se inmersan otras ortodoxias religiosas. Esta búsqueda por lo universal se ve también en que la serie evita meterse con la coyuntura política argentina e intenta reducir al mínimo los elementos de localismo.
Reacción en cadena
En respuesta al estreno, la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (Aciera) publicó un comunicado en el que acusó específicamente a la escritora de tener «encono» contra la «cultura evangélica» derivada de su «militancia feminista durante el debate de la ley del aborto», y a quien atribuyeron un «comporamiento fascista».

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