El patriotismo no se negocia ¿pero si ya estaba negociado?

La Jabalinada / Bruno Cortés

En enero de 2020, el presidente Andrés Manuel López Obrador celebraba la firma del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) por parte del presidente estadounidense Donald Trump, realizada la víspera en Washington.

 

En ese momento López Obrador aseveró que el acuerdo comercial hace más atractivo a México para que lleguen más inversiones “como ya se está reflejando”, y reafirmó que con Estados Unidos existe una buena relación, por lo que estimó que se podrían establecer nuevas inversiones en el país.

 

Dos años y medio después el mismo presidente sostiene que no tiene la menor intención de cumplir el tratado con América del Norte que signó su gobierno, argumentando temas de patriotismo, de soberanía y estabilidad, el mandatario olvida de forma importante sus compromisos internacionales.

 

El tratado no ha servido para aumentar la calidad de vida de los trabajadores en México, en mayo de 2022 el gobierno tiene un déficit o boquete económico de 155,923.7 millones de pesos en su balance económico, según cifras del Banco de México.

 

En este sentido el presidente López Obrador debería darse cuenta que sus políticas económicas de programas sociales o subsidio a la pobreza no funcionan, si no alimenta la parte productiva del país, pero más lejos es que debe de aprender a cumplir sus compromisos tanto los legales como en los que empeño su palabra, como cumplir y hacer cumplir la Constitución de México y las leyes que emanan de ella, y si, La Ley es La Ley, o esto se convierte en corrupción.

 

Si no estaba de acuerdo con los términos del T-MEC no debió de haberlo firmado, no debió de haberlo festejado, para hoy no tener que recular y sacar su carta del nacionalismo mal entendido, parece un poco desubicado que no haya leído lo que se firmaba.

 

Si se busca la soberanía nacional, el gobierno de México debería pensar en su sector primario, que es el campo, el cual ha golpeado con retirar los aranceles para importaciones de este rubro, además de que no hay un programa o una política clara para la reactivación económica del sector agrícola en el país.

 

Así las cosas, el presidente antes de cantar por la soberanía nacional debería pensar dos veces lo que firma, propiciar escenarios para la soberanía alimentaria y crear nuevas fuentes de trabajo, pero como no puede hacerlo, busca sacar de la caja china un pelito donde debería horrar su palabra.

 

 

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