Medio ambiente| Conmemoran el Día Nacional del Amaranto

Ciudad de México, 16 de octubre del 2020.- Con la alegría más grande del mundo, que midió 34 metros con 64 centímetros, una feria de productos, música y conferencias, la Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades (Sederec) conmemoró el Día Nacional del Amaranto.

En el Monumento a la Revolución, Rosa Icela Rodríguez, titular de la Sederec, señaló que ha sido muy importante trabajar con diversos grupos sociales: indígenas, migrantes y productores. Y de entre ellos, con los amaranteros.

Entre los vegetales domesticados por los antiguos mexicanos, sobresale el amaranto por los vivos colores de sus espigas conocidas como panojas, su riqueza nutritiva y su carga de alegría que estalla en los comales con suave aroma tostado la levedad de sus minúsculas esferas, crocantes al paladar cuando aglutinadas por la miel las disfrutamos en deliciosa palanqueta.

Este cereal de extraordinarias cualidades nutritivas se coloca junto al maíz en un sitio privilegiado no sólo de la alimentación mexicana, sino de la cultura y la cosmogonía de pueblos y comunidades mesoamericanas.

Su cultivo y consumo han trascendido a través de cinco milenios con tal fuerza que en 2017, en el marco XXII Feria de la Cultura Rural, investigadores de la Universidad Autónoma Chapingo, productores, transformadores, comercializadores y consumidores de amaranto en México firmaron la declaratoria que designa el 15 de octubre como Día Nacional del Amaranto.

El propósito fue “reconocer su importancia cultural, ecológica, social, agrícola y alimentaria, ya que el amaranto es base fundamental del desarrollo campesino desde la época prehispánica y es de gran importancia para el futuro de la nutrición de México y el mundo”.

Un año antes, en 2016, durante la clausura de la Tercera Fiesta de las Culturas Indígenas, Pueblos y Barrios Originarios de la Ciudad de México el Gobierno capitalino declaró al amaranto, específicamente a la alegría de Tulyehualco, Xochimilco, Patrimonio Cultural Intangible de la CDMX.

Sara Hirán Morán Bañuelos, académica de la Universidad Autónoma Metropolitana, sustentó los valores del amaranto y la alegría para fundamentar la declaratoria que el pueblo de Tulyehualco propuso para que su memoria, patrimonio y saberes fueran reconocidos por toda la ciudad como patrimonio.

Se refirió a la tradición de cultivar el amaranto en chinampas, “conocimientos ancestrales únicos de esa comunidad, porque de sus chinampas se obtienen las plántulas que luego son llevadas a las faldas del cerro para que terminen de crecer en un periodo aproximado de seis meses”.

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