La cultura de Tzintzuntzan

A orillas del Lago de Pátzcuaro, se erige la capital del Imperio Purépecha. Con aire colonial pero sin olvidar su espíritu tarasco, el Pueblo Mágico de Tzintzuntzan en Michoacán, colorea sus calles bordeadas de flores cuando a lo lejos vemos los trajes que sus artesanas elaboran. Al mismo tiempo, bajo el ala de los sombreros de palma, los hombres esquivan los rayos del sol, portando con orgullo aquella prenda que han confeccionado con sus propias manos.

 

Su clima templado es idóneo para recorrer sus calles empedradas y disfrutar de la frescura de la tarde que llega como regalo de sus montañas y de su bosque mixto rodeado de cedros, encinos y pinos.

 

Tzintzuntzan, Michoacán, se encuentra a 4 horas 45 minutos desde la Ciudad de México (350 km), a 2 horas 50 minutos de la capital de Guanajuato (220 km), mientras que desde Morelia te tomará 55 minutos (63 km) y 15 minutos desde Pátzcuaro (7 km).

 

Platillos para degustar tu paladar

 

En su gastronomía, no faltan nunca los charales, ni los pescados como la carpa, tilapia, lobina, ni el pescado blanco –típico del lago de Pátzcuaro-. Te recomendamos probar el posuti, algo así como la versión purépecha del pozole que en Tzintzuntzan se prepara con elote tierno.

 

Otro platillo que no puedes dejar de probar es el churipo, un caldo rojo que puede llevar res o pescado y verduras, al que se le añade una especie de tamales muy pequeños a los que se les conoce como corundas. Ten por seguro que su cocina es tan asombrosa como su cultura.

 

Sus habitantes fabrican diversas artesanías ideales para llevar a casa o como regalo de viaje: adornos, lámparas, mesas y sillones de “chuspata”, abanicos, adornos y petates de tule así como hermosos trabajos de alfarería policromada.

Tradiciones en el panteón de Tzintzuntzan

 

Sin duda, esta celebración atrae cada año a miles de visitantes hasta tierras michoacanas, que maravilladas por la iluminación nocturna sobre el Lago de Pátzcuaro y conmovidas por la danza de los pescadores se desvelan para presenciar la “Fiesta de las ánimas”, como se le conoce en la región purépecha al Día de Muertos.

 

Tzintzuntzan, junto con los pueblos e islas que rodean al Lago de Pátzcuaro, forma parte de uno de los eventos más significativos y de identidad mexicana que han adquirido el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad ante la Unesco.

 

De noche, el panteón de Tzintzuntzan se impregna de una estela aromática que invade con la fragancia del cempasúchil, las velas se mantienen encendidas para mostrar el camino a casa y reencontrarse con los que ya no están, abrazándose con la fuerza de la fe, contándose a través de las canciones en tarasco cuánto se han extrañado.

 

Las tumbas están decoradas con flores y ataviadas de comida, de dulces típicos y fotografías, ninguna se queda vacía, como demostrando que a los muertos de Tzintzuntzan jamás les faltará quién los añore. En el camposanto no hay llanto, el dolor se transforma en esperanza y recuerdos gratos, en promesas de verse cuando llegue el día.

 

Entre las guitarras y los violines puedes escuchar a las voces de los niños que le cantan a los abuelos, a sus tatas. La Fiesta de las ánimas como dicen los purépechas, es un motivo de celebración y de agradecimiento.

 

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