Crece pobreza de mujeres indígenas

CDMX a 14 de marzo del 2022.-La pobreza se incrementó para las mujeres indígenas y se redujo en el caso de los hombres, ante las dificultades para acceder a trabajos formales, tierras y condiciones dignas en materia de desarrollo social.

Cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) revelan que las mujeres hablantes de lengua indígena que se encontraban en situación de pobreza sumaron 2.8 millones en 2020, un aumento de 74 mil mujeres con respecto a 2018.

En cambio, la pobreza alcanzó a 2.5 millones de hombres de habla de alguna lengua indígena, lo que significó una disminución de 93 mil personas durante el mismo periodo.

Aumentaron principalmente las mujeres indígenas que carecen de acceso a los servicios de salud, cuya cantidad fue más del doble, al pasar de 0.4 millones a un millón. En cuanto a rezago educativo también se observó un aumento de 57 mil mujeres.

“Podemos decir, en términos generales, que ocho de cada 10 mujeres indígenas que habitan zonas rurales en nuestro país se encuentran en situación de pobreza”, explicó José Nabor Cruz, secretario ejecutivo del Coneval.

El Consejo revela que, de las 2.8 millones de mujeres indígenas en pobreza, 1.3 millones padecen tres o más carencias de seis posibles, de modo que se determinó que están en situación de pobreza extrema.

En entrevista, José Nabor Cruz explicó que las mujeres indígenas tienen mayores niveles de pobreza que los hombres porque la mayoría de las que se desempeñan en actividades agropecuarias lo hacen de manera informal y 33 % sin recibir ningún pago declarado.

En el sector agrícola, 87 % de las mujeres trabajadoras se encuentran en la informalidad, es decir, carecen de prestaciones sociales, seguridad social y acceso a servicios de salud, además de que tienen bajos salarios.

No es que las mujeres tengan poco acceso al trabajo, sino que al participar en actividades por un ingreso económico lo hacen en condiciones de alta precariedad y, cuando laboran por cuenta propia, normalmente no reciben pago y son invisibilizadas, expuso a este diario Gisela Espinoza, profesora e investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana, campus Xochimilco, quien ha trabajado con mujeres rurales e indígenas.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reporta que hay casi 29 millones de personas que viven en zonas rurales en México, definidas como localidades de menos de dos mil 500 habitantes.

Más de la mitad de estas personas son del género femenino, específicamente 15.1 millones y representaban a una de cada cinco mujeres en el país a finales del año pasado.

Del total de mujeres que habitan en zonas rurales, 11.1 millones tienen 15 años o más, es decir, están en edad de trabajar. Sin embargo, sólo 3.8 millones participan en el mercado laboral.

Además, mientras 1.9 millones de hombres se encuentran económicamente inactivos en el campo, hay 7.4 millones de mujeres bajo esta condición debido, principalmente, a sus responsabilidades de cuidado del hogar.

“Tenemos que reconocer que la mayor parte de las mujeres del campo que se quedan en su casa, no sólo son personas que están echando tortillas y cuidando a los niños, también realizan un trabajo productivo en la parcela o en el taller para la subsistencia familiar y otra parte para el mercado. Son trabajos que como ocurren en un espacio informal y no son remunerados, son muy difíciles de identificar en las estadísticas”, destacó Gisela Espinoza.

Agregó que hay una importante cantidad de mujeres que migran de sus comunidades a buscar ocupaciones para recibir ingresos económicos, por ejemplo, como jornaleras agrícolas, que es uno de los trabajos peor pagados, sin prestaciones y en condiciones infrahumanas.

La investigadora también destacó a las mujeres que se dedican al comercio informal, ya sea trayendo sus artesanías y otros productos a las ciudades, vendiéndolos en condiciones difíciles y a precios injustos.

Tomado de Chiapas tu contacto.

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